jueves, 30 de junio de 2011

Anoche


Anoche solo estábamos tú y yo. Dentro de una densa y oscura luz nos encontrábamos. Ese tan grande manto de terciopelo negro adornado con pintitas de color plata brillante parecía ser el único que nos arropaba, el único que observaba nuestros juegos desvergonzados, juegos de dos cuerpos desnudos por la dicha del azar. También desde allí arriba, en el cielo, la luna nos bañaba con sus rayos de luz marfil, perfilaban nuestras siluetas imperfectas, resaltaban nuestras cicatrices, los puntos de grasa. Estos dos entes allí presentes no eran perfectos, pero la noche, el momento si lo era.

Te acercaste a mí, parecía que me querías aspirar, absorber, las ganas te podían y les diste rienda suelta, yo te seguí sin preguntármelo dos veces, decidida. Tú gritabas, tú me hacías gritar, tiritar de placer. Creo que alcanzamos el décimo cielo o al menos me sentí a 100 mil pies de altitud.

Rendidas, caímos en la blanda y húmeda hierba que se encontraba bajo nosotras, húmeda por nuestro ardiente sudor y por el rocío que la naturaleza nos ofrecía para ofrecernos algo de frescor en nuestra irresistible noche.

Anoche, NOSOTRAS fuimos las protagonistas de las partituras de la pasión.


No hay comentarios: