Él alto, moreno y una sonrisa como la Casa Blanca. Ella de talla normal, sin nada particular, solo unos rizos de oro y unos ojos tan grandes como la luna.
Repito jamás se habían visto. Hasta que un día ella cogió el coche se fue a la estación de tren más cercana, simplemente a esperar. A esperar tumbada por donde pasan millones de personas al día con destinos o sin ellos. Y esperó a que las agujas del reloj diesen varias vueltas. Allí tumbada solo veía cabezas y medios cuerpos pasar mientras la miraban extraña. Pensarían que estaba loca, pero no. Tan solo estaba enamorada de dos personas. De ella misma y de alguien a quien no conocía, pero sabía que esa persona existía y la conocería. No sabía si en un mes, un año, tres o los que fueren. Lo conocería.

Lo único que ella no sabía era que esa persona se acababa de tumbar a su lado. No se percató de su presencia hasta que él le dijo:" ¡Hoy es un Gran Día. Te he conocido! "
1 comentario:
Que boniito:)
Es realmente precioso.
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