Buenas tardes a todos y a todas, esperamos que estén disfrutando de la velada y que no se cansen mucho con todos los discursos que vienen a continuación. Nosotras trataremos de ser lo más breve posible.
Llegados a este punto en el que finaliza una etapa muy importante en la vida de todos los que hoy nos graduamos, echaremos un vistazo atrás.
¿Os acordáis de los nervios de aquel primer día? Reencuentro con amigos, caras extrañas y ver al profesor que tanto os fastidió. Pero otros u otras, como es nuestro caso, éramos nuevos y nuestros nervios eran diferentes, sobretodo sentíamos miedo, miedo a todo lo que era nuevo para nosotros, nuevos posibles amigos, nuevos profesores, etc.
En estos dos años hemos vivido muchos momentos, algunos quizás siempre lo recordaremos, otros simplemente pasarán y no volverán más. Pero dejemos los lamentos y busquemos aquellos que nos han hecho ser mejores, más grandes, pero aún no lo suficiente, por lo que seguiremos recorriendo el camino que acabamos de comenzar, un camino en el que no todo vendrá bien, pero seamos positivos y aunque sabemos que a estas alturas nada es gratuito ni fácil, con esfuerzo, entrega y perseverancia seguro que la diosa fortuna nos sonreirá.
Volviendo de nuevo atrás. Cuando comenzamos primero de bachillerato pensábamos “uf…, vaya dos años más largos nos esperan…”. Pero primero duró lo que tarda en llegar el verano. En ese primer curso entre exámenes y más exámenes se fue creando un gran vinculo entre alumnos y profesores y las relaciones, sobretodo entre compañeros se fueron acentuando, gracias de verdad por hacer que aquellos que habíamos llegado nuevos nos sintiésemos como en casa en tan poco tiempo. En esos nueve meses muchos descubrieron que se les daban bien las mates, ya que hicieron mil cuentas para ver si aprobaban o si pasaban, otros se dieron cuenta de cuanto odiaban tal asignatura. Y así sin darnos cuenta llegó el verano, no sé si para todos, pero nosotras coincidimos en que había sido el verano más corto de nuestras vidas.
Comenzó segundo, un curso en el cual se decidían muchos aspectos relacionados con nuestro futuro, y como cada año las promesas que todos nos sabemos de memoria… este año me pongo desde el primer día, voy a estudiar un poco todas las tardes para que luego me sea mas facil... y así hasta una infinidad de propuestas que la mayoría no hemos cumplido.
En el primer trimestre pensábamos que nunca llegaría Junio, no se veía el final del camino aunque los profesores no parabais de avisarnos y entre una cosa y otra realizamos el primer pago de Salamanca, si Salamanca, ese viaje que todos habíamos estado esperando desde el primer día.
El segundo trimestre se presentaba largo pero los días fueron pasando hasta llegar al 13 de Abril ¿Os acordáis de esa madrugada?. Por fin estábamos todos esperando el autobús para comenzar lo que sería un viaje inolvidable. Nos gustaría aprovechar este momento para dar las gracias a Ángel Avellaneda y a Ana Belén Escamilla, los profesores que nos acompañaron, ya que sin ellos y su paciencia no habría sido posible realizar dicho viaje. También a Antonio Gómez que aunque no nos pudo acompañar, fue el encargado de organizarlo todo.
Pero como todo lo bueno, el viaje terminó,y aquí nos esperaba la realidad, apenas un mes para terminar el curso. Agobios, noches en vela, fechas de exámenes y por tanto disputas por no ponernos de acuerdo.
El tiempo ha corrido y aquí estamos , todos engalanados, y felices porque hemos llegado a donde queríamos y nos dirigimos hacia donde queremos, rumbo a selectividad con el propósito de formarnos en lo que nos gusta de verdad, en lo que tenemos pensado dedicarnos en un futuro.
Pero para ello, tenemos que dejar este instituto, lugar en el que hemos vivido tanto buenos como malos momentos, pero solo los buenos serán los que perduren por siempre en nuestra memoria. Este lugar ha contribuido no solo a formarnos como buenos estudiantes sino a convertirnos en grandes personas.
En los pasillos que forman el instituto quedarán para siempre grabadas bonitas historias, pasillos en los que algunos han encontrado el amor, donde surgieron grandes amistades y donde se produjeron también algún que otro enfrentamiento. Pasillos en los que nuestras fotos quedarán colgadas para siempre. En definitiva, todas las historias ocurridas aquí y todas las personas implicadas en ellas dejaran una importante huella en nuestras vidas.
A partir de hoy, si se producirá una separación en nuestros caminos, ya que cada uno lo enfocará hacia un lado diferente y somos nosotros los que debemos decidir si estas personas que durante dos años nos han acompañado seguirán ocupando un hueco en nuestras vidas. Yo desde luego espero continuar llamándoos amigos, porque es eso lo que sois para mi grandes amigos.
No se puede concluir un discurso de este tipo sin agradecer a todas aquellas personas que han estado a nuestro lado durante estos dos años. En primer lugar a nuestras familias, padres madres, hermanos e incluso abuelos, por su apoyo constante y confianza. Por aguantar nuestros cambios de humor, por darnos un abrazo cuando no lo merecíamos, esperamos que lo que hemos conseguido hasta ahora os haga sentir orgullosos y contamos con vuestro apoyo para el camino que aun nos queda por recorrer.
A nuestros profesores, por el aprendizaje de todos, porque mientras íbamos haciéndonos más responsables e independientes nos dieron su apoyo; por forzarnos a crecer y madurar; por buscar obtener lo mejor de nosotros y enseñarnos lo que somos capaces de hacer. Les debemos una formación integral, una formación de la que podemos sentirnos orgullosos. La confianza y el saber estar que han demostrado continuamente nuestros profesores, haciendo caso omiso de habladurías y comentarios que dañaban la imagen personal de alumnos, al mantener una imparcialidad que va más allá de los chismorreos, hoy nos enorgullecemos de haber sido alumnos de profesores que han sabido ser éticos, ejemplares y profesionales.
Gracias también a estos maravillosos conserjes porque pacientemente nos hacían el montón de fotocopias que necesitamos y por el buen humor que desprenden. Y al resto de personal no docente que se han volcado en la organización de este evento y sin ellos no habría sido posible
También gracias a los compañeros que a pesar de estar al mismo nivel que nosotros, a pesar de estar sometidos a la misma presión, nos han apoyado en los peores momentos, en los momentos que pensábamos que nada tenía solución ahí estaban ellos para darte ánimos y alguna palmadita en la espalda. Y no solo por el apoyo incondicional en los malos momentos si no gracias también por los maravillosos momentos que nos habéis hecho pasar, porque con ellos hemos descubierto que no solo se llora de tristeza si no de alegría e incluso de risa.
A todos Gracias
Para finalizar con este discurso y dar paso al resto de actuaciones preparadas queremos introducir una fábula que nos pareció bastante apropiada para el momento.
Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata.
Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas.
Al principio, las dos ranas patalearon en la nata para llegar al borde del recipiente.
Pero era inútil; sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse.
Sentían que cada vez era más difícil salir a la superficie y respirar.
Una de ellas dijo en voz alta: "No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. Ya que voy a morir, no veo por qué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril."
Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez, siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.
La otra rana, más persistente o quizá más tozuda se dijo:
"¡No hay manera! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora."
Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, durante horas y horas.
Y de pronto, de tanto patalear, la nata se convirtió en mantequilla.
Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente, Iba a continuar pero se acordó de su compañera que había abandonado a mitad del camino y volvió para ayudarla. De nuevo juntas y fuera del recipiente pudieron regresar a casa croando alegremente.
Moraleja: hay que luchar para seguir adelante, si te rindes te hundes. Pero no hay que olvidar en el camino unos valores fundamentales como son el compañerismo y la humanidad hacia los demás
Suerte a todos en vuestros respectivos futuros.
De Celia Agüera y Lucía Jiménez