domingo, 13 de noviembre de 2011

Como con los sueños


Respiras hondo, el aire fresco cala por tus pulmones.
Abres los ojos y ahí está, blanca, símbolo de pureza, que se alza y danza entre las fibras del viento, con elegancia, sutileza y descaro.
La sigues la persigues con la mirada porque sabes que si extiendes los brazos para cogerla con las manos se irá ahuyentada, por eso continuas mirándola embobada o embobado.
Te fascina y te maravilla, te giras distraída. La buscas.
Se posa aquí y allá para descansar sus alas de ese perfecto aleteo que mueve el aire que llega a tus pulmones, y que, sin saber porqué te trasmite tranquilidad, deseo y esperanzas.
Pero sin pensarlo vuelves a pestañear, abres los ojos y ya no está.

Esa mariposa blanca digna de ser una diosa, no está.
Ha volado, se ha esfumado y lo único que queda por delante es la simple naturaleza.
Parece como si hubiese sido un sueño.

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